Érase una vez un dragón
gigante y de colores muy llamativos. Vivía en una cueva oscura. la única luz,
era la de su gema.
El animal era muy
tranquilo y lo único que hacía era jugar con su brillante perla que había
heredado de sus antepasados. La lanzaba al aire y luego la recogía con su boca.
Las personas de la ciudad
la habían visto y querían robársela. Todo esto llegó a oídos del rey, quién dio la
orden a sus súbditos que la consiguieran para guardarla en una caja fuerte, de
lo contrario, les cortaría la cabeza.
Cuando llegó la noche se
empezó a ejecutar el plan del rey y entre la tormenta, le robaron su preciada
perla al dragón mientras dormía.
El animal despertó pero ya era demasiado tarde, ya su tesoro no
estaba, pero él seguía buscándola desesperadamente por toda la cueva. Decidió
salir, y al ver al horizonte, observó cómo se alejaba un barco, se escuchaban
gritos de emoción y personas saltando.
El gran dragón se llenó de
furia y decidió entrar en el mar para rescatar su aljófar, pero los súbditos del rey al darse cuenta que
el animal venía hacia ellos, en medio de la oscuridad, le dispararon con sus
cañones. La bola de fuego brillante se parecía mucho a su pelota luminosa
perdida y se confundió. Abrió la boca para
atraparla y se la tragó.
El peso de la bala hizo
que el dragón se hundiera en el mar y entre la confusión del momento la gema se
perdió, ninguno de los hombres pudo encontrarla.
Al día siguiente, el rey
pidió que le entregaran la perla.
Sus súbditos muy asustados
le contaron lo que había sucedido, pero el rey no tuvo compasión con ellos y
les mandó a cortar la cabeza tal y como lo había dicho.
Hasta ahora nadie ha
podido descubrir en qué lugar quedó, es un enigma.
El rey pasó el resto de su
vida tratando de encontrarla, pero todos sus intentos fueron fallidos.
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